Constanza
Constanza, tan constante como su nombre lo dice.
Ser su madre ha sido un camino de muchos retos, cambios, pero sobre todo de mucho amor, en compañía del deseo tan grande que siempre tuvo de ser madre. Llegó Constanza.
—¿Por qué me pusiste mi nombre? —le pregunta con frecuencia a su madre. Y es que pensar en su nombre propio fue un gran reto para ella, pues con el inmenso amor que ya le tenía sin conocerla, quería que su hija tuviera su propio lugar. Quería romper con cierta repetición del nombre que ella tenía y, así, pensando en su historia de vida, apostando por la diferencia, quería que su hija tuviera lo que ella no tuvo por mucho tiempo: confianza. Y es que el amor de los padres va de la mano en buscar que los hijos tengan aquello que ellos no tuvieron.
Su madre quiere que Constanza pueda hacer nombre al caminar, diferenciándose de ella. Posiblemente hay muchas cosas que no le gusten de su hija, pero eso demuestra que su hija es otra, que los hijos son otros, que hay diferencia y que, por mucho amor, no son una propiedad.
Constanza no sabía que ella le enseñaba mucho y que el amor tan grande que su madre le tiene apunta a poner una coma, acompañándola en su niñez, como lo ha hecho hasta hoy, a sus cinco años. Sí, con equívocos, con errores, con miedos, dejando a un lado el ideal de la madre perfecta.Con un amor tan inmenso como es el de la madre, pero con coma, con espacio, para que así su oruguita, el día de mañana, pueda ser una mariposa que vuele hacia donde su deseo la lleve.
Una madre que falla, con errores, busca heredarle el camino del deseo, un camino que no es fácil, afortunadamente, dejando a un lado las demandas tan excesivas que se exigen de hacer de los hijos niños atiborrados de excesos, borrando el nombre propio. Su madre se dio cuenta después de un tiempo en análisis que fallar, dar espacios de ausencia y no todo, le ayudarían a que su hija siguiera un camino diferente. Permitió que ella ame tanto su nombre que no permita los diminutivos, cortando lo que ella es.
Su madre le regaló su nombre al nacer y quiere que Constanza pueda seguir su camino, sin buscar la perfección, pues es un lugar imposible y cansado. Llena de brillo, como a ella le gusta, con carácter y decidida, la hace tan diferente y única a sus cinco años.
Constanza, un nombre constante que insiste en ser escuchada, visible, amada. Defiende lo que quiere, sí, de carácter fuerte, sin miedo, brillante. Llegó a mover la vida de su madre, quien, preocupada por hacer las cosas bien, termina “regándola”. Tanto la regó que su hija hoy cumple cinco años siendo una niña llena de vida, con defectos y cualidades, dejando a un lado la perfección que posiblemente su madre buscó por mucho tiempo.
Viva, como lo es desde aquel 7 de enero del 2020, a las 20 horas, cuando nació.
¡Feliz cumpleaños, mi oruguita!
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