Mariana
Mariana, una mujer brillante, de esas que no se encuentran con facilidad. Se podría decir que es una en un millón. Mariana: mar, ama, ría-na. Se podría hacer todo un juego de palabras con su nombre. Mar, porque, junto con el flamenco que tanto ama, pareciera que baila al son del mar. Ama, pues es una mujer que, cuando ama, es leal, fiel y dedicada, produciendo amor en todo lo que hace. Ría-na, porque es tan femenina como divina; con su toque de sinceridad y su risa, a veces algo sarcástica, podría parecer dura y fría, pero en realidad es una máscara para cuidar su corazón. Al conocerla en lo cotidiano, descubrirás a una mujer que no muchos pueden sostener.
Una bruja blanca, de esas que hoy están escasas, pues su sensibilidad y su corazón la llevan a ver el mundo con otros ojos, en compañía de su corazón y “a la izquierda”, como ella dice. Una mujer fuera de serie, dedicada a producir más allá de lo evidente, apostando por la vida y la palabra. Ha hecho cuerpo y nombre, siendo tan única y diferente a lo común y ordinario.
Selectiva con sus amistades, sabe que hacer lazo no es cualquier cosa, así que valora con quién y a quién abrirle su corazón y su esencia. ¡Un mujerón! Se conocieron hace dos años. El psicoanálisis las presentó: dos mujeres que no sabían que construirían una hermandad. Tan diferentes, pero tan parecidas a la vez. Venían de dos mundos distintos. Mariana venia de un lugar donde lo rojo y la izquierda tienen un lugar importante; su amiga, rodeada de un mundo que apuntaba constantemente a la derecha, rodeada de todo lo que Mariana siempre criticó, hacía que conocerse fuera algo improbable.
Pero fue justo por esa improbabilidad que se abrió un hueco para la posibilidad. Fue a partir de esa pequeña probabilidad que, por medio de la diferencia, se encontraron para así empezar a tejer un lazo. Compartiendo su amor por el psicoanálisis, la escucha y la escritura, Mariana llegó a inspirar tanto a su amiga que la llevó a conocer un mundo tan diferente y sencillo al que ella conocía. Juntas hicieron complicidad, acompañándose en un camino lleno de pérdidas, de dolor, de risas y de amor. Mariana, siendo hija única, no sabía que había encontrado a la hermana que en su niñez no tuvo.
Ahora, la vida le está regalando una hermana con quien compartir.”
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