La oveja negra

Estaba cansada de seguir un camino que no era el suyo, pues siempre se guió por lo políticamente correcto, dejándose llevar por la moral y lo burgués del amor cortés. Llevaba tiempo anhelando encontrar con quién poder tener una relación donde el lazo marcara la diferencia, para así ser un sostén. Ella sabía, pero no sabía que había algo que le incomodaba en su vida, pues estuvo mucho tiempo enajenada, siguiendo ideales y queriendo, intensamente, cumplir con lo que su familia quería, tomando decisiones que hoy le siguen doliendo. Sin embargo, optó por buscar qué hacer con ese dolor, asumiendo sus elecciones.

Le decían que era explosiva, enojona. ¿Y cómo no serlo? Si no podía ser libre de vivir la vida que ella quería, pues era muy diferente a su familia. Y es que, en esa familia, no había espacio para la diferencia. Pues sí, era la oveja negra, de esas ovejas que resaltan entre las blancas, la que retaba, la que hablaba y decía lo que no le parecía, quedando muchas veces como “la loca”. Pero ¿no acaso el “loco” dice una verdad?

Ella decía una verdad: quería ser libre y quitarse un peso que no era suyo. Quería menos. Y así, en esa búsqueda de querer menos, agarró las riendas de su vida, escuchando a su corazón y dejando a un lado a esos hombres adinerados que la buscaban para colocarla como un trofeo narcisista.

Empezó por buscar un amor diferente y se dio cuenta de que era el momento de cerrar su corazón por un tiempo. Ahora quería estar sola. Confiaba en el amor, pero sabía que no era un asunto sencillo, así que decidió darse tiempo y espacio para poder encontrar a alguien lejos y fuera del ideal, alguien que la viera más allá de la apariencia y del apellido de su familia. Dejó de aceptar invitaciones para así empezar a confiar más en su intuición, alejándose de las citas de amor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La dificultad en poder sostener una pareja

Rodrigo

Ser madre