Narciso y Violeta
Él era Narciso, ella era Violeta, una mujer entre el rojo y el azul: sencilla, sensual, romántica. Él, un auténtico Narciso, Romeo, romántico pero dramático, en busca de historias de amor teatrales, similares a la de Romeo y Julieta, de esos amores que son tan intensos que uno de los dos acaba muerto. Él estaba ahogado en su propio reflejo, un reflejo tan ambivalente que le decía lo guapo que era, pero al mismo tiempo le recordaba el maltrato que vivió durante toda su vida.
Tenían algo en común: ella había sufrido de ciertos maltratos y abusos de poder, dejándola infantilizada por muchos años. Esas similitudes los llevó a encontrarse, idealizando que serían el uno para el otro. Sin embargo, Violeta había dejado ese lugar infantil tiempo atrás, pero Narciso no. Él era un niño que quería vivir lo que no vivió a sus veintes. Reflejaba ya un cuerpo de hombre, muy masculino, adornado por su barba negra y unos tatuajes que Violeta veía fascinantes; los admiraba como se contempla el arte.
La fachada de malo era su soporte; eso le ayudó a sobrevivir a la tan violenta vida que vivió. Sin embargo, era alguien en busca de la mirada amorosa. Violeta le dio esa mirada, eso que tanto pedía él. Lo trató con mucho cariño y amor, se enamoró perdidamente de narciso, sin saber por qué. ¿Acaso uno puede saber por qué se enamora?
Él le decía una y otra vez que era la mujer ideal, que se casaría con ella. Quería estar con Violeta por ser esa mujer que lo inspiraba a ser mejor persona. Sin embargo, ella no quería ser esa “mujer ideal”, pues sabía que ese ideal en algún momento caería, y le daba miedo que él, al ser tan Narciso, la dejara para buscar otra “mujer ideal”.
Él le dijo que nunca nadie lo había tratado con tanto amor, parece ser que eso fue lo que los alejó, ya que el amor no es una cuestión sencilla. El amor implica renunciar a algo del narcisismo, y él se había apodado Narciso. Le costaba mucho renunciar, perder. Violeta le daba amor, pero él lo esquivaba, no porque fuera malo, sino porque no podía, no sabía cómo recibir amor. Y, por otro lado, no se había dado cuenta de que él ya era un hombre, y que para poder sostener a una mujer se necesita ser hombre. Porque para jugar se es niño.
Así que Violeta sabía que si seguía ahí, acabaría muerta. Dejo de contestarle los mensajes disfrazados de indirectas que el le mandaba para no perderla, decidió desaparecer para siempre de su vida y no volver a contestarle ni un mensaje más pero eso sí sostendría la promesa que le hizo, no bloquearlo.
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