Envidia
Es una realidad que estamos atravesados por la envidia, pero ¿qué es la envidia y por qué la sentimos? Su origen etimológico deriva del latín ividia que significa mirar con malos ojos, recelo o resentimiento el bien ajeno. Interesante, pero¿cómo saber cuál es el bien ajeno? Y, por otro lado, ¿todos envidiamos lo mismo?
La envidia es suponerle algo al otro: el otro goza de algo de lo que yo no. Está en el registro del imaginario, es una cuestión dual: entre el otro y yo. Le suponemos una satisfacción de algo y por lo mismo “no queremos que le vaya bien”, no por nada en México escuchamos frases como: “me va a echar el mal de ojo”. Y pues sí, es una realidad que nadie se salva de ser envidioso; sin embargo, lo importante sería preguntarnos qué hacer con la envidia y quéhacer con la culpa al sentir envidia de alguien, pues al suponer que el otro tiene algo que uno no, surge unafantasía: la de las expectativas que depositamos en el envidiado.
Dejemos a un lado la idea moralista del bien y el mal para así poder preguntarnos: ¿qué es lo que le estoy suponiendo al otro de lo cual yo carezco?No vayamos tan lejos y pensemos en las redes sociales, plataformas que son parte ya hasta de nuestro currículum. Las redes sociales se han convertido en un álbum de imágenes “perfectas”editadas mediante aplicaciones que quitan los “defectos” que no gustan, para así poder subir fotos impecables y tener la mayor cantidad posible de likes, idealizando nuestra vida a los ojos de los demás.
Allí uno puede entrar y hacerse tan sólo una ideade cómo es esa persona a la que se le estástalkeando, dado que al publicar sus fotos dicha persona busca crear una idea de sí misma, la imagenperfecta de su propia vida, y quien husmea en su perfil sólo alcanza a ver lo que ella o él están dispuestos a exhibir. Si pensamos que la palabra imagen viene del latín imago, imaginis que significa figura, representación, retrato o semejanza –teniendo también un sentido simbólico de apariencia o fantasma–, podemos ver cómo estas plataformas buscan reproducir constantemente un ideal de apariencia, exhibiendo una “vida perfecta” (y por lo tanto, construida, artificial).
Abundan retratos de cómo tendría que ser la vida hoy, buscando igualar lo que supongo del otro, imaginando que el otro tiene algo que yo no, algo del registro del imaginario, quedando en el puro semblante. Pero ¿es posible sostener un ideal basado en una vida “perfecta”? Pensar que existe alguien sin errores no solo puede ser muy cansado sino insostenible, suponiendo que al que veo en las redes sociales goza de algo que yo no, es decir que él o ella tiene eso que a mí me falta, como por ejemplo ver la imagen de una pareja “feliz” sin saber lo que hay detrás de esa foto. Se le admira y se aspira a tener su vida, imaginando que es mejor que la de uno, por ese ideal que se ve, se reproduce y se busca a través de las imágenes y videos de redes sociales, por medio de los likes y la mirada.
Con esto no quiero estigmatizar las redes sociales, sino más bien pensar por qué éstaspueden llegar a generar pensamientos de envidia, pues lo que se expone allí son ideales que al final no se sostienen. Estoy segura de que los que me están leyendo han escuchado historias donde dos personas se conocen por una plataforma virtual, viendo sus fotos, cuando llega la hora de verse en persona algo no se ve tan “perfecto” como en sus perfiles, porque lo que se juega ahí, en esas imágenes editadas y producidas para gustar, es la idea de alguien sin defectos, sin poros abiertos, sin arrugas y con la piel de bebé, un semblante que en las redes por medio de esas imágenes sí se logra, pero que en la realidad no se sostiene. Porque cuando se llega a conocer en persona a esa o ese al que envidiéo idealicé, y le llego a ver un “defecto” o simplementeno es como en su foto de perfil, en automático se cae eso que idealicé en él o ella.
Y aunque las redes sociales seas un arma de doble filo, lo importante sería ver que no todo lo que brilla es oro y que lo que vemos en ellas puede generar una idea de envidia, pero estar advertidos de que eso que suponemos del otro puede ser un espejismo, algo que ellos ni siquiera saben que poseen.
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