Mujeres que solventan económicamente
Tal como lo mencioné en mi texto sobre el machismo, existe una deuda histórica hacia nosotras las mujeres, por lo que cada vez estamos más dispuestas a buscar vías que nos permitan tener un lugar distinto en la sociedad, dando como resultado que los hombres busquen a su vez un nuevo sitio. En el fondo, me interesa pensar lamanera en la que hacemos lazo con el otro, por lo que no se trata de hacer un juicio moral, sino de pensar y preguntarnos: ¿por qué hoy se escucha que más mujeres solventamos los gastos de la casa? ¿Qué está cambiando y cómo se ha distribuido el sostén de un hogar? Estas preguntas me llevan a dos asuntosimportantes que hoy quiero desarrollar aquí.
Por principio de cuentas, me gustaría preguntar –y me dirijo a quien está leyendo esto– si crecieron o siguen escuchando frases como “es una mantenida”, “depende del marido”, o bien “es la esposa de”, “la hija de”, “la nieta de” en relación a un hombre. Porque yo sí. Yo sí crecí escuchando esta clase de expresiones, incluso sigo escuchando a algunas mujeres referirse a sí mismas a partir de un hombre: “soy la hija/la esposa/la madre de”. Como ya saben me interesa conocer el origen de las palabras, y esta vez no es la excepción.
La palabra mantenida viene del verbo mantener, que procede a su vez del latín manu tenere, que significa “sostener con la mano”. Eventualmente pasóal castellano antiguo mantener, con el fin de sostener, cuidar o proveer lo necesario para que alguien o algo se conserve. En algún momento de la historia las mujeres usaban el apellido del marido para contextos sociales y legales evidenciando que era la esposa de alguien. Esto deriva de costumbres patriarcales ligadas con la aplicación de la ley, así como de las tradiciones europeas más conservadorasdonde la mujer pasaba a formar parte de la familia del esposo, perdiendo parcialmente su identidad legal.
Esposa, a su vez, viene del latín sponsa y del verbo spondere que significa “prometer solemnemente” o “comprometerse” en especial en matrimonios acordados, por lo que las esposas en su momento fueron una promesa –a menudo eterna por intercesión de la religión católica–. Pero: ¿una promesa de qué o para qué? Acaso para anular algo de ellas, para sostener las costumbres patriarcales donde los hombres tienen la autoridad principal en la familia, eliminado algo del deseo de su “esposa”, de su palabra y de su posibilidad de elegir algo más alla del matrimonio.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las mujeres empezaron a trabajar con mayor frecuencia fuera de casa debido a la escasez que había de la mano de obra, puesto que los hombres se habían ido a la guerra. La industria militar necesitaba producir, asíque las mujeres ocuparon lugares que los hombres dejaron abandonados. Afortunadamente, las costumbres cambian con el tiempo, y “ser la esposa de” únicamente, se fue dejando a mediados del siglo XX, aunque todavía, por desgracia, en varios sectores de la población siga vigente. Paradójicamente, en México, hoy una mujer se ha convertido en presidenta. ¿Alguna vez se lo imaginaron?
Tener un lugar a partir de un hombre y no bajo el nombre propio dio pie a que muchas mujeres vivieran distintos tipos de violencia: la económica, la patrimonial y la psicológica, violencias que estaban y aún siguen estando muy arraigadas enla sociedad. El hecho de que el esposo crea que su esposa es de su propiedad por el hecho de que la mantenga sostiene dichas violencias, dejando de lado algo del deseo de las mujeres y al mismo tiempo reforzando un trabajo invisible y no valorizado: el trabajo en el hogar. ¿Cuánto cuesta el tiempo de vida que se le dedica a otro, al cuidado del hogar y al de los hijos? ¿Cuánto vale la vida?
En la actualidad, muchas mujeres estamos dispuestas a renunciar a ciertas cosas para tener la posibilidad de solventar económicamente a nuestras familias, aunque eso implique un perder constante. Solventar por una misma los gastos en el plano económico da cuenta que es posible que una mujer se autorice por sí misma, es decir, que viva bajo un nombre propio, el suyo, sin embargo el trabajo doméstico es un trabajo sumamente valioso y respetable, no valorado y no siempre remunerado, pues lo que se juegan ahí es el tiempo de sus vidas. Muchas madres y esposas dedican su vida al cuidado del hogar, dejando de ser valorada como un trabajo, reduciendo las oportunidades de estas mismas mujeres para hacer algo con su vida más allá del trabajo doméstico y cuidado del hogar.
Lo anterior podría dar una mirada distinta para responder finalmente las preguntas que hice al inicio: ¿por qué hoy se escucha que más mujeres solventamos los gastos de la casa? ¿Qué está cambiando y cómo se ha distribuido el sostén de un hogar?
Existen varias razones por las cuales más mujeres estamos dispuestas a solventar económicamente. Por un lado la economía no da para que solo sea el hombre el que solvente, como tradicional y anteriormente se hacía, ya que aunque el salario mínimo ha ido en aumento los últimos años, la inflación subió mas rápido en muchos periodos, haciendo que los gastos rindan menos y generando un aumento del costo de vida, ya que la vivienda es cara y la mayoría de los trabajos son informales. Por si fuera poco no todos los trabajadores cuentan con prestaciones y estabilidad económica, además de que los sueldos son tan bajos que en muchos casos apenas dan para sobrevivir.
Otro punto importante es que vivimos en una época donde ciertos gastos no existían: el uso de internet, tener un celular, las suscripciones, aunado esto a la alza en la tarifa del transporte público, dando como resultado mayor desigualdad. Por eso, aunque la economía crece,es una realidad que no se reparte del mismo modo para todos, ya que hay sectores con muy buenos sueldos pero muchos siendo la mayoría que no, como el trabajo de las empleadas domésticas, por poner un ejemplo. Por otro lado, ciertas mujeres han podido ejercer profesionalmente y trabajar no solo en la casa sino en otros espacios, evidenciando la independencia que ejerce un trabajo fuera de casa, lo que también permite tanto la libertad económica para confrontar los distintos tipos de violencias, como la posibilidad de dar lugar a su palabra.
Como podrán ver, no se trata de una competencia entre hombres y mujeres, sino de admitir que la situación social, cultural y económica no es estática pues cambia, evidenciando que no somos sin el otro. Hoy más mujeres puedan estudiar, trabajar, hacer una vida a partir de su nombre propio para así no tener que aguantar más violencia, quedando sujetas al esposo, borrando su diferencia, su lugar en la sociedad, pero sobre todo borrando algo de su deseo.
Así que dejemos a un lado esa competencia que ciertos discursos ven en cuanto que las mujeres buscan su independencia, para así pensar en la posibilidad de que las relaciones sean entendidas desde otro lugar, abriendo un diálogo de dos y no de uno, donde a menudo uno piensa por los dos.
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