Amor “sin etiquetas” todo pero nada
Se quedó con un vacío enorme cuando le dijo que había conocido a alguien más. Tenían una relación “sin etiquetas”; sin embargo, lo que él no sabía es que llevaban ya tiempo con la etiqueta del amor.
Le dijo que la conoció en medio de una noche de copas, por un amigo que los presentó. Platicando con ella fue que le gustó, y el teléfono le pidió.
Él, anhelando una relación de esas que el modernismo promueve, sin problemas, que le diera absoluta paz y con ciertas características ideales por cumplir —algo muy difícil de sostener—, se cansó de construir con ella lo que llevaban ya cuatro meses haciendo. Al día siguiente, ella, cansada de tantas mentiras, lo dejó, ya que, en el fondo, sabía que él le había sido infiel y que su relación “sin etiquetas” le permitía a él ser “libre”.
Él, sin saber estar solo, fue con su nueva conquista, aquella mujer que una noche anterior conoció.
Pasaron los días, y su pareja anterior lo buscó, pidiéndole perdón por dejarlo en medio de una locura que él mismo provocó, pues los dos sabían que él siempre le mintió. Él, con facilidad, le dijo que no, que quería una relación ideal, de esas en donde no hay problemas, de esas que sostienen la magia de los principios. Le confesó que quería conocer mejor a esa mujer con la que platicó. Y le dijo: “Me gustó”.
Ella, enloqueciendo de dolor, reaccionó ante esas palabras. Devastada, le pidió hablar, pero él, con una frialdad absoluta, respondió con un rotundo: “No”. Minutos después, ella reaccionó y le deseó lo mejor con su nueva conquista, aceptando que uno puede ser engañado de vez en cuando y que esta vez a ella le tocó. Sin embargo, tranquila por la sinceridad que siempre le mostró, se marchó.
Lo que él no sabía es que los principios tienen mucha magia. Existe el imaginario de que el otro pueda llenar ese vacío, pero eso, tarde o temprano, se cae. La cuestión aquí es qué hacer ante esa caída, pues lo único que queda es construir desde la diferencia.
Eso era algo que él no estaba dispuesto a hacer. Así, en esa búsqueda interminable de encontrar el “amor ideal”, se quedaría repitiendo una y otra vez la misma historia: pasar de mujer en mujer, quedando atrapado en la magia de los principios.
Comentarios
Publicar un comentario