Jo-SÉ como su nombre lo dice quería ser

Llevaba tiempo escondido en la tierra, sin rumbo. Eso le hacía pensar que estaba en el limbo, y es que estar en el limbo es estar al borde de una cosa, siendo el cacho de alguien más.

Buscando hacer las cosas desde el sentido, en el camino de la certeza, y sin dudar, se quedaba en un rumbo que no era el suyo. ¡Afortunado él, que vi-vio un tiempo sin rumbo! Para así poder escuchar.

Sin embargo, lo que no sabía ese hombre de luz era el efecto de las palabras, y que, al decir que ya no quería lo mismo, al escuchar esa incomodidad que insistía una y otra vez, él ya estaba en el camino del deseo. Y es que el deseo escucha.

Perderse le posibilitó poder cuestionar lo obvio y el sentido que se busca de la vida. En medio de un mundo que apunta a lo evidente, le decían que soñaba mucho. ¡Y sí, vaya que lo hacía! Sin embargo, fue gracias a ese soñar que rompió con el sentido y abrió caminos de posibilidades, acompañado de sus orejas, que han sido su brújula en el camino hacia el deseo, hacia el vacío, hacia el espacio y el hueco que tanto anhelaba y pedía. Ahora, lo diferente apuntaba a poder bordear ese vacío para ya no perderse en él.

Tocar fondo y vivir como un cacho lo llevó a preguntarse por su lugar, evidenciando que su nombre propio se escucha y se lee en mayúsculas, en grande, como su misma esencia lo es, dejando a un lado el cacho que, por mucho tiempo, fue.

Un hombre de mar, que no encaja del todo en lo terrenal, ha sabido cómo camuflajearse. Pero lo que sabe, pero no sabe, es que él no está para camuflajearse en nadie, pues está para ser. Es por eso que se pregunta tanto por el ser, porque solo en libertad y dejando de ser un cacho es como se puede estar para poder SER.

Es un hombre de admirar, pues no muchos se atreven a escuchar lo que insiste para tener un lugar. Es un hombre valiente, pues está apostando por él, sabiendo que su lugar lo puede llevar a perder. Esas pérdidas y esos logros serán suyos. Será su camino, su historia, un uno diferenciado de la cadena que, por generaciones su familia ha seguido.

Él llegó para ser un rizoma, rompiendo las líneas de lo subordinado y diferenciándose de las raíces. Llegó para hacer una revolución, para hacer algo con ese espacio y ese hueco que, si bien da malestar, ¡hace estar!!

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