No es un adiós, es un hasta siempre

María sabía que todo tiene un límite, y su límite había llegado: dejar ir a un hombre brillante, pero perdido en el mundo tan fascinante de las apariencias, la imagen y el ideal.

Todo iba aparentemente bien, pero un día ese hombre lleno de amor decidió sabotear todo, lastimando tanto el corazón de su María que la dejó sin saber qué hacer con ese dolor. Así que la única posibilidad que encontró fue dejarlo ir y aceptar que él no la podía amar.

¿Qué sería amar? Si en el amor lo más disparejo es la pareja. No existe la reciprocidad, no existen las medias naranjas, pues cada uno es uno en lo singular. No se puede poseer al otro, justo por la diferencia y por la imposibilidad de fusionarse. Sin embargo, sí existe la posibilidad de construir algo en compañía, de pensar en el otro, de ser compañeros. Y para ser compañeros se hacen acuerdos. Ella sabía que él no la amaba y no podía sostener ni los acuerdos ni a una mujer como ella, pues él buscaba tener todo y más. Es justo en el amor que se evidencia la falta en el otro y que “el todo” no se puede, afortunadamente.

Ella aceptó que lo amó mucho más. Se quedó con esa vivencia y ese sentir. Aceptó que ese amor tan grande que sentía por él no era del todo correspondido. María, en verdad, vio lo que ese hombre era y lo que podría llegar a ser, pero también aceptó que a ese hombre fascinante le faltaba un recorrido enorme por hacer, y que no podía pedirle algo que podría ser imposible para él. Así que ella, con el dolor de su corazón, lo soltó. Prefirió irse y seguir con su camino. Fue un amor fugaz, pero sabe, y siempre le dijo, que él sería para siempre.


María estará siempre agradecida con él, pues le regaló la mirada. La vio, y sus ojos se quedarán por siempre en su memoria, esa mirada tan hermosa que lo hace tan único. María lo dejara por siempre en su corazón, pues, como él bien dice, ella es pura de alma, pero él también. Ella desea, con todo su corazón, que este reencuentro tan fugaz que tuvieron sea una oportunidad para que él pueda preguntarse por su lugar en la vida y así algún día poder salir de ese espacio que lo deja perdido en lo mundano; que siga el camino de su deseo y logre ser ese hombre de montaña que tanto dice ser.

Ella apostó por él, y es que la vida se trata de apuestas, sabiendo que la mayoría de las veces se pierde.Aun así, perdió y entendió que él no podía amarla como ella quería, así que lo mejor sería alejarse y dejar que él siguiera con su vida, pero sin ella. Porque, efectivamente, el límite existe, y ella sabía que era la hora de su límite y que su tiempo con él había terminado.

María se fue con el corazón roto pero con él en su memoria

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