No hay un uno más uno que hagan dos.
“En ningún caso pueden tenerse como soporte dos como tales, que entre dos, cualesquiera que sean, hay siempre: el uno y el Otro, el uno y el a minúscula, y que el Otro no podría en ningún caso ser tomado por un uno.”
Lacan,Seminario 20, clase 5.p26
Él se fue. Le dijo que le había sido muy difícil decirle que NO, pues con ella volvió a abrir su corazón, sintiéndose vivo y amado otra vez. Intentando ser lo más sincero posible, le dijo que ahora no podría darle la relación de amor que ella buscaba. Con esa gran dificultad que tuvo para soltarla, un día finalmente lo logró y la dejó ir, diciéndole:
—No, te quiero tanto que no te quiero lastimar.
Estaban empezando a relacionarse a partir de esa búsqueda de completarse el uno con el Otro, algo imposible.
Él quería seguir ahí, pero sabía que la llegaría a lastimar, ya que no podría estar a la altura de una mujer que, para él, era monstruosamente inteligente y encantadora. Por mucho tiempo, se había movido por medio de las mentiras, engañándose a sí mismo y repitiendo la historia de estar con mujeres que lo pudieran salvar, evitando el “no”, esperando que alguien más pusiera límites por él. Solo que esta vez había una pequeña, pero gran diferencia: no quería repetir la misma historia. Quería hacer las cosas de manera diferente, ya que había conocido a un “mujerón”, como él le decía, porque ella le había dado la posibilidad de ver la vida desde otros ojos, enseñándole que no todo es posible, pues cada uno buscaba algo diferente en la vida, ella quería formar una familia, una mujer con un trabajo estable y un futuro por delante, él aún en la búsqueda de algo, no quería ningún tipo de compromiso, quería vivir como si fuera un eterno adolescente.
Un hombre que iba caminando por la vida diciendo SI a todo y con una gran dificultad para el espacio y el límite conoció a la que se convertiría en su gran maestra, como le decía. Ella llegó con un discurso que cambiaría su rumbo, logrando que él se moviera un poquito, sin embrago ese poquito para él era mucho.
Ella, completamente enamorada de él, conoció un amor nuevo. Lo amaba tanto, era un amor tan, pero tan desbordante que buscaba una relación de esas en donde dos medias naranjas hacen una. Buscaba salvarlo de esa vida que ella consideraba banal, sin embargo él no se sentía del todo incómodo con esa vida que llevaba, le era familiar y cómoda.
Enamorada de sus ojos, su voz, su pelo rizado y su corazón, sabía que había encontrado a un hombre encantador y muy poco común para estos tiempos, donde el amor no tiene cabida. Él se enamoró de su pelo dorado y su inteligencia, pero sabía que no podía ofrecerle una relación como la que ella anhelaba, pues tenía muchos asuntos por resolver, que en realidad no quería resolver ya que no buscaba atarse a ningún compromiso. Así que un día se despidió, diciéndole que la quería de una manera diferente y especial.
Se convirtió en alguien muy importante en su caminar por la vida, esperando que ella no se fuera enojada con él por la decisión que había tomado. Fue que le dio su espacio y desapareció por un par de semanas, confiando en que la inteligencia de ella pudiera operar y hacerla entender que lo que él hacía, lo hacía por el amor que le tenía. Sabía que, juntos, cada quien en su camino, dejarían huella. Confiaba en la posibilidad de volverse a encontrar en un futuro, agradecido por todo lo que ella le había enseñado. Seguían juntos, pero a la distancia, en una relación diferente.
Ella, al principio, no entendía la decisión, pues quería que juntos pudieran hacer un caminar. Así que, movida por el enojo y el dolor, aceptó la decisión y siguió con su vida. Extrañándolo todos los días y anclada al amor por él, empezó el duelo de la despedida.
Después de unos meses, él la buscó con el pretexto de devolverle unas cosas. Fue así que volvieron a hablar. Con la dulzura que lo caracteriza, logró que ella dejara a un lado el enojo, diciéndole que estaba eternamente agradecido, pues había sido ella quien le había dado la posibilidad de decir por primera vez: “no”. Y eso la hacía especial. Ella, con lágrimas en los ojos, le dijo que lo seguía amando, pero que sabía que la distancia hacía una ternaria entre ellos, haciendo imposible que buscaran fusionarse, pues eso los llevaría a un desenlace doloroso y de mucho daño.
Ella, en ese tiempo lejos de él, entendió que su dulzura y la presencia-ausencia de él eran signos que se habían marcado en su corazón. Aceptó que hay amores que son, pero no pueden ser. Son, pues al decirle que no, él le demostraba su amor. Y ella, aceptando y dando lugar al “no”, también lo hacía. Así que sí, se amaban, de una forma diferente y posiblemente absurda para muchos. Ella sabía que su corazón aún era de él, en la distancia y con un “no” entre ellos. Movidos por esos signos que dejaron una marca entre ellos, provocaron el deseo, creando amor a la distancia.
Ahora ella sabe que su corazón sigue ocupado, que por el momento no hay espacio para alguien más. Pero sabe que no está sola, pues la distancia entre ellos la acompaña, siendo una relación del “uno con el Otro”. Él se fue, pero algo dejó.
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