Trauma

 Trauma

Pareciera que hay una tendencia a querer prevenir el trauma. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de trauma? La palabra trauma es relativa a heridas físicas o emocionales; proviene del griego traumatikos, referente a heridas o lastimaduras. Aludir a algo traumático está relacionado con heridas físicas, emocionales y psíquicas. Por lo mismo, es importante poder preguntarnos: ¿Quién no ha tenido heridas físicas, psíquicas o emocionales? Pareciera que la vida en sí es traumática porque deja marcas y heridas. La pregunta aquí sería: ¿Por qué hay una insistencia de ciertos discursos en buscar evitar el trauma?

Se busca sanar los traumas de la infancia, tratando de borrar aquello que fue doloroso y quitando el lugar que este pueda tener en la historia de cada sujeto, en un intento de alcanzar una perfección. Pongamos un ejemplo burdo: al aprender a andar en bicicleta, uno puede llegar a caerse y rasparse las rodillas. Buscar evitar que un hijo viva eso, de cierto modo, es no confiar en él y, por otro lado, es pretender que se aprenda sin cierta pérdida.

El trauma podría posibilitar algo diferente si dejamos de verlo únicamente como algo malo. Ahora pongamos otro ejemplo en relación con una herida física y emocional. Cuando se tiene una cesárea, podría verse como algo traumático para el cuerpo. Sí, de cierto modo lo es; sin embargo, esa herida posibilitó una vida. Se dio un corte, dando vida al hijo. Un parto es algo doloroso, intenso; se podría decir que es traumático, que rompe, que parte, pero que da vida. El corte del cordón umbilical es algo traumático, pero permite una separación, dejando una marca: un ombligo, evidenciando que ahí hubo un conducto que conectaba al feto con la placenta, dando oxígeno y nutrientes durante el embarazo. Así que sí, el trauma también tiene un carácter violento, pero posibilita.

Otros ejemplos: la entrada al colegio. La primera vez, los niños lloran; es algo doloroso tanto para el hijo como para la madre, pues se da una separación. Un cambio ¿O qué acaso, para evitar el dolor, no se les lleva al colegio? Son esos momentos los que generan un corte en la cotidianidad del individuo. El trauma es visto como algo malo, algo oscuro, negativo y, sobre todo, displacentero. Y, de cierto modo, sí, tiene algo de displacer, asi que no se puede saber qué es lo que va a ocasionar un trauma. ¿Cómo saberlo? Por eso, estos discursos que apuntan a prevenirlo me parecen delicados. Pues, por un lado, no se sabe qué va a traumar y, por el otro, el trauma llega a posteriori. No se sabe cuándo llegará, y este es diferente en cada caso debido a la singularidad del sujeto.

Esto va de la mano con la prevención del trauma en la infancia, la idea de sanar heridas o borrar aquello que fue doloroso. Sin embargo, esto es muy complejo, pues se generan muchas fantasías en torno al trauma y se llega a un discurso excesivamente quisquilloso, ocasionando que, al intentar prevenirlo, se posicione automáticamente al sujeto como alguien que va a tener un trauma sí o sí, en lugar de permitir que los sucesos tengan sus efectos singulares. Prevenir algo supone creer que se sabe más que el otro.

Por otro lado, ¿qué tanto el trauma es de uno o del otro que lo cuenta? Otro ejemplo: cuando unos padres se llegan a divorciar y se escucha a uno de los dos decirles a sus hijos: “lo que nos pasó”, ¿qué tanto el dolor es del padre más que del hijo? Quizá, en un futuro, el hijo diga: ”¡Gracias!, porque ya no quería verlos pelear”. ¡No lo sé! Depende mucho de la constitución psíquica de cada sujeto.

Pareciera que evitar que un hijo tenga cualquier trauma lo mantiene como infante. En sí, dejar de ser niño y asumirse como adulto puede ser doloroso, difícil, complejo, traumático, no lo se. Pero, si no se pasa por ahí, se pueden quedar en posiciones infantiles: adultos que siguen siendo niños, buscando no sufrir ni tener heridas, apuntando a ciertos ideales de perfección y de placer.

Para concluir pongamos  un úlitmo ejemplo: un temblor. Es un suceso fuerte, que genera una crisis en lo cotidiano y, por ende, un corte, marcando un antes y un después. Se escuchan ciertas terapias que, inmediatamente después de un temblor, buscan la prevención del trauma, como si por un lado el trauma fuera inmediato y por el otro que eso fuera ya a causar un trauma en quien lo vivió. ¿Cómo saberlo? Esas terapias posicionan enseguida un trauma, cuando podría no ser traumático. Insisto, ¿cómo saberlo? Así que aquí podemos ver una diferencia pues una cosa es que un suceso sacuda la vida del sujeto y otra muy diferente que se convierta en un trauma ominoso y oscuro o, por el contrario, en un trauma que dé posibilidad a otra cosa. Sí, la vida en sí es traumática: deja heridas y cierto malestar. Y ese malestar es parte de la vida diaria del sujeto. Buscar prevenir el trauma deja al individuo en un lugar idealizado, imposible de sostener.

 

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