Un cuento fugaz y repentino
Pablo quería, pero no podía. Camila podía y quería. Sin buscar nada, se encontraron. Sin embargo, a pesar de sentir tanto el uno por el otro, él tenía miedo, y, aterrorizado, no pudo sostener lo que le pidió: una segunda oportunidad para estar con ella, pues no era la primera vez que desaparecía de la nada. Después de decirle que le llamaba mucho la atención, que era una mujer muy bonita e inteligente, que le había gustado mucho, que no había visto ni una red flag en ella, que se sentía cómodo de estar horas platicando y compartiendo como si ya fueran novios desde ese primer día que se conocieron, pues habían compartido muchísimo desde lo más íntimo del corazón, intercambiando un “te amo” y un “te quiero” desde el primer día, pareciera que era como esos cuentos de hadas que antes producía Disney, donde en el primer encuentro y con el primer beso sabrían que serían el uno para el otro.
Sin embargo, él le dijo que seguramente ella lo volvería loquito, y puede que sí, pues ¿qué no hay algo de locura en el amor? en una época donde la mayoría de la gente tiene miedo a mostrarse, ellos se abrieron rápidamente y fue así que Pablo le dijo: ¨dime algo que nadie sepa de ti¨, Camila quedo encantada con esa pregunta pues sabia que podría ser alguien con quien mostrarse sin sentirse juzgada, le contesto y en seguida Camila le pregunto lo mismo.
Después de mensajearse por días y con otra cita entre ellos, se despidieron diciéndose: “Adiós, novia”, “Adiós, novio”. Camila le preguntó: “¿Estamos juntos en esto?”, a lo que él respondió que sí, pues ella sabía que lo que estaba pasando no era algo común y probablemente muy loco para los ojos de los demás. Con nervios y miedo, ella se arriesgó, pensando que podría ser una de esas relaciones hermosas y locas, pero que los haría sentir muchísimo amor, pues en verdad él era encantador, guapo, inteligente, con un pelo negro hermoso y unos ojos que delataban mucho de sus miedos, pues es un hombre que o lo amas o lo odias, no hay medias tintas en él. Sin embargo, es un artista, sensible, pintor y escritor de cartas de amor. ¿Qué más podía pedir ella? Algo poco común, pero con un disfraz enorme, aparentando ser alguien diferente. A simple vista, parecía un “mirrey”, pero no lo era; estaba lejos de ser eso.
Camila, en verdad, tenía muchas ganas de seguir conociendo a ese hombre detrás de ese disfraz, pero algo pasó después de esa noche, pues él desapareció, quedando como un fantasma.
Ella sentía lástima por ese encuentro tan fugaz y fluido que se había dado entre ellos, ya que, en verdad, había quedado encantada por ese hombre. Pablo le había confesado que tenía muchas inseguridades, pero lo que él no sabía era que lo que más le había gustado de él era justo eso: que no fuera un muñeco, sino un hombre que le mostró, desde la segunda cita, que era alguien con fallas. Se había enamorado de lo más vulnerable de él, sus inseguridades, pues ella las percibió desde el primer día que lo conoció, y, aun así, tenía unas inmensas ganas de conocerlo y repetir ese día donde se abrazaron tanto que su olor quedó impregnado en ella.
Camila tenía muchas ganas de volver a verlo y solo abrazarlo, a pesar de todo lo que ella quería y sentía, aceptó el silencio que él dejó, que decía mucho más que las palabras que le había dicho días atrás, ya que a ella no le gustaban esos juegos donde el otro aparece y desaparece, quedando como un fantasma, espantando el amor que había entre ellos. Así que se despidió, no le reclamó nada; lo entendió y por eso se alejó, pues sabía que no se trataba de ella o de algo malo que hubiera hecho, sino que él no podía y no quería.
Sí, llegaron así, de la nada, se encontraron sin buscarse, y Camila se quedaría con ese encuentro que, para ella, había sido fascinante, aceptando que efectivamente había sido un cuento de Disney, fugaz y repentino.
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