Una historia de amor

 Los presentaron en una fiesta. Al saludarse, sintieron que algo los jalaba el uno al otro. Con solo rozarse, sus cuerpos se erizaban; sabían que algo especial sucedería.

Al pasar la noche, en medio de la oscuridad y la música, se besaron mientras cantaban canciones. Se enamoraron.

Ella vio en él una máscara, embozado por cuidar su corazón de amores que le habían roto el alma. Se dejó besar y, así, supo que eso lo llevaría a conocer un amor fuera de lo ordinario.

En compañía del amanecer, hablaron por horas, preguntándose por sus vidas para así poder conocerse un poco más. Mientras él le hablaba de su vida, ella lo veía con tanta atención que su mirada revelaba el encanto que él le provocaba, diciéndole que era verdaderamente encantador.

Él le dijo que le gustaban sus ojos y su boca, enamorándose de las palabras que salían de esa boca que él consideraba perfecta. Ella se enamoró de su voz, creando signos en esa posible relación que abrazaban en medio del amanecer.

Los dos sabían que se volverían locos de amor el uno por el otro, pero, aún sabiendo que existía ese riesgo, decidieron apostar juntos a la novedad, confiando en lo desconocido, sin tener la certidumbre de saber hasta dónde llegarían. Aun así, dijeron que serían ellos dos y que se acompañarían en una apuesta que los podría llevar a perder o no. ¿Cómo saberlo?

Buscaban sostenerse el uno al otro sin querer que interrumpieran esa nueva etapa, para así conocerse sin distracciones de otras personas. Él intentó acercarse a ella a través de su semblante, pero, al poco tiempo, notó que se había equivocado y que esta vez había conocido a alguien poco común.

Ella le dijo que buscaba hacer equipo, quería tejer una relación haciendo lazo donde la diferencia tuviera espacio, para así poder ser una equivalencia que diera lugar a cierta pérdida, en donde uno más uno no fuera igual a dos, posibilitando el amor.

Y fue así como se dejaron flechar por Cupido, quien, con ese flecha estaba causando un amor apasionado

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