La dificultad en poder sostener una pareja
Actualmente, se escucha que existe una dificultad para poder sostener una pareja o poder hacer síntoma pareja. Esto podría ser una respuesta ante una demanda constante de ideales e imaginarios que ciertos discursos promueven. Bajo esta lógica, se puede observar que estos discursos influyen constantemente en la psique de los sujetos, afectando de tal manera que ya existe un término nuevo que se está posicionando en la sociedad, siendo ya un síntoma social: el famoso “casi algo”.
Este famoso “casi algo” podría ser una respuesta ante la dificultad que implica poder sostener como un absoluto un ideal de pareja, donde el otro será esa pareja perfecta, ya lista para estar en incondicional armonía y con muchos requisitos por cumplir, esperando que el otro sea tan perfecto que no pueda tener la posibilidad de equivocarse.
Por otro lado, las redes sociales son una gran herramienta que posibilita muchas cosas, pero, por el otro, sostienen constantemente un imaginario total, mostrando la mayor parte del tiempo el lado bueno, bonito y “perfecto” de los sujetos, quedando en imágenes de precisión, siendo tan excelentes a la mirada y a la búsqueda de los likes, que entonces, cuando se conoce al sujeto atravesado por sus miedos, angustias, tristezas… ¡vaya, historia de vida! Algo disgusta y, en automático, se busca renunciar, bajo la lógica de que en algún lugar existe ese hombre al menos uno y la mujer completa, que no hará que se construya una relación con tiempo, sino que llegará por añadidura.
La cuestión aquí es que ese imaginario, en algún momento, se caerá para así, desde la diferencia, poder relacionarse con el otro y poder hacer pareja con ciertos miedos, angustias, vulnerabilidad, amor. Sí, uno imagina cómo podría ser el otro, cómo podría ser la relación, se juegan fantasías de cómo será, pero al estar bombardeados por una lista de ideales a seguir sobre cómo tiene y debería ser una pareja, se vuelve complicado poder ver al otro desde lo singular.
Asimismo, existe otra cuestión que se promueve mucho actualmente, el famosísimo “amor propio”: amarse primero para así, después, poder tener una pareja. Tanto se buscan amar que se quedan ensimismados, sin posibilidad de amar al otro, de hacer lazo. Y es que somos por el otro, a partir del otro; desde que nacemos, somos por el amor de otro, por sus caricias, sus cuidados, sus palabras. Necesitamos del otro. Estos discursos no hacen síntoma amor o de pareja, sino todo lo contrario: promueven la fascinación por uno mismo, para así quedar tan enajenado que no se tenga el tiempo de construir, perdiéndolo en situaciones de amor.
Por otra parte, las redes sociales parecieran ser un catálogo que busca mostrar la mejor cara de los sujetos, las puras cualidades, quedando en la pura imagen, siendo todo tan puro que se vuelve inalcanzable e insostenible. Impactados por un “catálogo” de imágenes y de vidas perfectas, cuando se conoce al otro vulnerable, asusta, quedando en “casi algo”. Casi, porque también se vive anticipadamente en la búsqueda de esa persona ideal que llegará por arte de magia para así ajustarse a la vida como si fuera un robot. Determinados por esta previsión, es que se produce cierta flojera por construir una relación, ya que eso llevaría tiempo, renuncias, desistir de algo para así poder estar por y para el otro sin un ideal incondicional. Dejando a un lado estas ideas imaginarias de tener las situaciones controladas, predeterminadas, sino con cierta sorpresa de lo que será la otra persona, de escuchar su historia de vida para así, desde la diferencia, sin buscar la igualdad, poder compartir y ser compañeros.
Así que, sí, elegir una pareja implica renunciar a las demás, a cierto “amor propio”, porque el amor no es propio: es por y para el otro.
Pensemos como posibilidad dejar a un lado ciertos discursos que promueven “poder con todo” y el discurso del “amor propio”, ya que, al estar en pareja, no se puede todo, pues son dos, sosteniéndose desde la diferencia, lo que podrá posibilitar el amor: apostar por el otro, pensando que la mayoría de las veces se puede perder, y que esa apuesta implica no poderlo todo, afortunadamente.
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