Lo-cura
La palabra locura procede del vocablo latino locus, que significa “lugar”. En la antigüedad la noción refería a que la mente “no estaba en su lugar”, o que alguien se hallaba fuera de sitio, lo que implicaba asimismo falta de juicio, desvarío o comportamiento irracional. A lo largo de la historia hemos vivido bajo el criterio de normalidad, el cual depende en buena medida de la época y la cultura. No obstante, tal como afirma Michel Foucault en Historia de la locura en la época clásica (1961), la cultura tiene efectos en nuestra psique, situando a locos y cuerdos en su respectivo lugar, un lugar dado por la sociedad a lo largo del tiempo. Y si bien, en cada cultura, estar bajo la norma implicaría estar “sano”, ¿a qué nos referimos entonces con “estar sano”?
Es cierto que hay de “locuras” a “locuras”, pues no es lo mismo la psicosis o la esquizofrenia que un episodio de ansiedad o de angustia intensa que impida ver las cosas con claridad. Hasta hace unos años asistir al psicólogo o al psicoanalista era un tabú entre los mexicanos, pues sólo visitaba el consultorio el que estaba “loco”, pero hoy, afortunadamente, la terapia psicológica se ha vuelto parte de la normalidad, claro, para quienes pueden pagarla, pues en el país por desgracia hay gente que no tiene dinero para solventar los gastos periódicos de una terapia. Hasta aquí les pregunto a mis lectores: ¿acaso no se ha vuelto máscomún escuchar con mayor “normalidad” que se acude al psicólogo, psicoanalista o psiquiatra?
Debido a la aparente sencillez del autodiagnóstico –y digo aparente sencillez porque de sencillo no tiene nada–, podemos ver cómo la búsqueda por un diagnóstico que resuelva nuestros problemas ha sustituido los nombres propios y eso ha complicado la escucha del sujeto más alla de su “veredicto”, pues los diagnósticos son una sentencia, colocándosecomo un estilo de vida, basados en la inmediatez de callar el malestar, con lo que se deja a un lado la implicación del sujeto y la familia ante tal malestar. Lo anterior deriva, entonces, en que se ha vuelto más común tomar medicamentos: ¿quién no conoce a alguien que esté bajo medicamentos para la ansiedad, depresión, insomnio, entre otras cosas?
En la actualidad, la medicación ligada al discurso de buscar la felicidad a toda costa hace que fácilmente los usuarios de redes sociales cada vez se autodiagnostiquen con mayor frecuencia. Hay gente que cree que escuchando un podcast sobre temas de salud pueden combatir su ansiedad, su depresión o cualquier otro síntoma. Es como si todo el mundo compartiera los mismos males y, por ende, las mismas soluciones. Esta práctica engañosa del autodiagnóstico deja de lado la singularidad, con lo que lo “anormal” en nuestra época, pensando que la locura significa que la mente “no está en su lugar”, sería no ir al psicólogo, psicoanalista o psiquiatra sino automedicarse. Así de sencillo: así de problemático.
Si el loco del que antes se hablaba, el que supuestamente “amenazaba” a la sociedad y tenía que estar encerrado en un manicomio, aislado y alejado para no perturbar el orden social, hoy me atrevo a decir que ese loco está siendo sutituido por otras“pequeñas locuras cotidianas” que en lugar de aislarnos en manicomios, nos apaciguan con medicamentos, en una nueva normalidad donde la mayoría de la gente que tiene algún padecimiento que lo haga creer que está loco, toma medicamentos para poder tener “la mente en su lugar”. Las pastillas están sustituyendo el aislamiento, las redes sociales están sutituyendo el consultorio, pues cada vez escucho gente que dice “lo escuché en un podcast”, creyendo que allí encontrará las respuestas a sus pesares. Hoy,lo “normal” es hablar de los síntomas en las redes sociales, darse un lugar a partir del diagnóstico, y decir que eso que tienen lo vieron en un podcastpues son cada vez más las personas que se dan un lugar apartir de algún diagnóstico, nombrándose como “neurodivergentes”, “autistas” y demás categorías y padecimientos en sus redes sociales.
Es por ello que si existe alguien que sea tachado de loco en la familia, se suele decir que es por tener un discurso “fuera de la norma”, es decir, un sitio poco común para esa familia, y el miembro juzgado marca la diferencia, una discontinuidad para lo que había sido lo normal o establecido entre los demás: un fuera de lugar para lo común. De cierto modo el loco dice una verdad, exponiendo una situación donde no hay orden; donde posiblemente hubo muchos secretos, violencia o maltrato, así que más allá de ver al loco como alguien extraño, que produzca miedo, sería importante pensar que al que estamos señalando como loco podría estar diciendo una verdad, dejando a un lado la moral del bien y el mal, y expresándose sobre la historia de ese sujeto.
Estar loco es estar fuera de sitio, fuera de lugar, donde algo del orden no opera y por ende deviene en un discurso que para muchos podría ser absurdo o un desvarío, pero para otros sería un discurso de mucho sufrimiento, dolor y enajenamiento, pues resulta evidente que las problemáticas sociales influyen en nuestra vida, por lo que no somos solo un yo, sino que somos lo que nos han dicho que somos nuestros padres, abuelos, bisabuelos… ytambién la sociedad. Pregunto, entonces: si para Freud existe el malestar en la cultura, ¿qué malestar nos aqueja hoy? ¿Estar fuera de la norma actualmente sería no tener un (auto)diagnóstico para así tener cómo nombrarse?
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